La jugabilidad caotica de este juego es impresionante, en una mision puedes cumplir con los objetivos de manera relativamente sencilla o puedes estar mas de la mitad del tiempo que te ofrece el juego atrapado en una lluvia de balas o de hordas de tiranidos intentando de todo para acabar con los enemigos o escapar de la zona. La zona puede convertirse en segundos en un campo de guerra con bombardeos y el sonido de las balas siendo expulsado de las torretas centinelas. Todo eso logra que este juego sea extremadamente divertido. y mas si se juega con amigos. Otro punto a resaltar son las microtransacciones, todos los paquetes a excepcion del primer paquete se tiene que comprar con creditos, la moneda "premium". Y la palabra "premiun" esta en comillas ya que el primer paquete de desbloqueables que te ofrece el juego te pertmite desbloquear cierta cantidad de creditos, usando la moneda "premiun" del juego, a demas puedes encontrar creditos en los mapas cuando realices partidas, esto es una cuestion mas del azar. A demas si quieres conseguir mas creditos, obviamente puedes hacerlo pagando, pero el costo de estos paquetes de creditos es mucho mas barato que en otros juegos con este mismo sistema de pago. Ahora resaltando lo malo del juego, he tenido ocasionalmente problemas de rendimiento, como lagasos, la pantalla se me congela por unos segundos o el juego simplemente se me cierra, no son constantes pero llegan a ser muy molestos, sobre todo si estas en mitad de un combate. El juego es extremadamente divertido y puedo decir con total seguridad que deberias probar este juego. Unete a los helldivers y corre al campo de batalla al grito de la SUPER TIERRA
Space Marine 2 no es un shooter. Es una manifestación divina del exceso, un monumento de testosterona pixelada y glorioso metal imperial. Cuando lo inicias, no ves un menú: ves una declaración de guerra al aburrimiento, a los tiránidos y a la idea misma de sutileza. Cada paso que das suena como si mil soles rugieran de aprobación. Cada disparo es una plegaria en calibre .75. Cada golpe de tu Chainsword convierte la materia orgánica enemiga en una lluvia artística de carne y gloria. No hay “sigilo”. No hay “plan táctico”. Hay tú, tu fe y un océano de bichos que gritan en estéreo antes de ser purificados a ritmo de Heavy Bolter. El protagonista no tiene nombre: tiene presencia. Es tan ridículamente poderoso que podría usar un tanque como casco y seguiría pareciendo elegante. Su respiración tiene la densidad moral de un sermón. Cuando corre, los continentes tiemblan. Cuando cae, los herejes hacen cola para morir primero. Visualmente, el juego parece renderizado en pura energía del Trono Dorado. Cada armadura brilla como si estuviera pulida con las lágrimas de los caídos. Cada batalla es una pintura renacentista con 300 litros de sangre y cero misericordia. La música no acompaña: invoca. Space Marine 2 no se juega, se sobrevive. Es una misa en fuego cruzado, un poema escrito con metralla, una sinfonía de destrucción que deja a tus neuronas marchando en formación. En resumen: este juego no es una secuela. Es un exorcismo del alma. Y si no sientes el impulso de gritar “¡POR EL EMPERADOR!” después de cinco minutos, revisa tu pulso.