Space Marine 2 no es un shooter. Es una manifestación divina del exceso, un monumento de testosterona pixelada y glorioso metal imperial. Cuando lo inicias, no ves un menú: ves una declaración de guerra al aburrimiento, a los tiránidos y a la idea misma de sutileza. Cada paso que das suena como si mil soles rugieran de aprobación. Cada disparo es una plegaria en calibre .75. Cada golpe de tu Chainsword convierte la materia orgánica enemiga en una lluvia artística de carne y gloria. No hay “sigilo”. No hay “plan táctico”. Hay tú, tu fe y un océano de bichos que gritan en estéreo antes de ser purificados a ritmo de Heavy Bolter. El protagonista no tiene nombre: tiene presencia. Es tan ridículamente poderoso que podría usar un tanque como casco y seguiría pareciendo elegante. Su respiración tiene la densidad moral de un sermón. Cuando corre, los continentes tiemblan. Cuando cae, los herejes hacen cola para morir primero. Visualmente, el juego parece renderizado en pura energía del Trono Dorado. Cada armadura brilla como si estuviera pulida con las lágrimas de los caídos. Cada batalla es una pintura renacentista con 300 litros de sangre y cero misericordia. La música no acompaña: invoca. Space Marine 2 no se juega, se sobrevive. Es una misa en fuego cruzado, un poema escrito con metralla, una sinfonía de destrucción que deja a tus neuronas marchando en formación. En resumen: este juego no es una secuela. Es un exorcismo del alma. Y si no sientes el impulso de gritar “¡POR EL EMPERADOR!” después de cinco minutos, revisa tu pulso.
que me gusta? facil todo el juego es epico cualquiera de los halo son una joyita y ahora que les puedes poner mods uff le da mas vida y diversion al juego 1000/10 144 horas respaldan mi reseña jaja y las que faltan